lunes, 20 de octubre de 2008

Epicenos u obscenos: sinerótica del poder.

Con tanta reforma educativa ya no sabe nadie en qué lugar se encuentran los epicenos, si a los lados o en el centro, si revoloteando en el techo gramatical, como pequeñas bolitas de caucho, o de cara a la pared, como simples delincuentes sin escuela.

jueves, 18 de septiembre de 2008

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Te queremos, Holanda.

lunes, 5 de mayo de 2008

A MI PADRE, SANTIAGO BASANTA LENCE.

Esa fotografía no le hace justicia, y bien lo saben los que le conocieron personalmente. Además de alto, como su familia y la familia Cobos, de mi madre, era muy guapo, al igual que mi madre. Tuvo un homenaje en vida, al que acudimos, profundamente emocionados. Pero está el mayor homenaje que se puede hacer a un padre: el de las personas que le querremos siempre. Por lo demás, debo añadir, a uno de los artículos publicados, donde elogian y alaban su persona y su gestión, con admiración, considerándolo el primer alcalde democrático que hubo en Bembibre, y así es, que es lógico, agradeciendo las palabras y gestos del actual alcalde y otras autoridades, que se hable de él así, entre otras razones porque además de su trabajo, encomiable, ayudó y apoyó a mucha gente, sea cual fuere su ideología, condición y procedencia. Él nunca quiso ser alcalde, insistieron e insistieron, y aceptó esa responsabilidad, siendo muy joven, como asumiría otras muchas responsabilidades a lo largo de su vida, en una época dura y difícil en España, como bien saben nuestros mayores, donde había que hacerlo todo partiendo desde cero, de la nada, y rodeado de algunas personas con mentalidades cerradas, cuando no, obtusas y mafiosas. Nada más llegar a la alcaldía, tuvo que echar al secretario, cuando descubrió que era un ladrón, y tuvo que enfrentarse a algunos personajes, personajes que más tarde le pedirían perdón, al darse de cuenta de sus graves errores. Aún así tuvo grandes satisfacciones y alegrías, pues emprendió en Bembibre obras que hasta entonces nadie había hecho de ingeniería, saneamiento, los primeros centros educativos, la casa de cultura, etc... El gobernador de León siempre lo apoyó, lo quería y respetaba, al igual que otros hombres de la política que lo animaron para que continuase, y tuvo ofertas muy atractivas, que rechazó, pues nunca estuvo interesado en la carrera política, estaba sacando adelante unos negocios, con mucho éxito, y a una familia con cinco hijos. Y como un hombre honrado, justo y grande, así fue la despedida, pues siempre hay quienes se dan cuenta del inmenso trabajo que realizó y de su valía, aunque existen verdades que conviene contar y otras que conviene administrar, con discreción y elegancia, a lo largo del tiempo, dada la ignorancia de muchos todavía. Tengo la convicción de que existió una generación en España, la generación de mi padre, que fue la que levantó al país de la miseria, en sus respectivos puestos y lugares, de la que se han alimentado varias generaciones. Mi abuelo paterno, Emilio Basanta, había sido un gran maestro y estudió la carrera de Derecho, además de un poeta y dibujante excelente. Enseñó bien a mi padre, y a alguno más que ha dejado constancia de sus recuerdos entrañables en sus libros. Y muchos más datos, hechos, documentos, escritos, cartas, sus diarios, que nos hace sentir a toda la familia y sus amigos íntimos muy orgullosos de él, de habernos dado lo mejor, de haber sido tan felices, y de tener una calle que lleva su nombre: Santiago Basanta. Hay tres calles de tres familiares admirables en Bembibre, pero cuando se trata de un padre, el sentimiento es único. Existe un tiempo para la reflexión. Y mucho tiempo para el duelo.

miércoles, 30 de abril de 2008

EL CORAZÓN DE LOS RELOJES CIEGOS.

En aquella casa inmensa, repleta de luz, libros, recuerdos de viajes, el piano, plantas, las flores de la galería, mi padre agotaba su tiempo. Alguien decía que unos deben enfermar, morir, para que otros maduren, que mueren antes los mejores, que les cuesta trabajo morir. Y había que aceptar que el tiempo de mi padre se estaba consumiendo, extenuando su luz, esa luz que era inteligencia pura, sin trampa ni cartón, y que aún vibraba, revelándose, en aquel cuerpo largo, aquellas manos. Una tarde reventó el vientre de las nubes y cayó la lluvia lavando heridas, caminos, tejados, entrecejos. El corazón de los relojes ciegos.
Mi padre, Santiago Basanta Lence, hombre admirable, nació en Chanteiro, Ares, La Coruña, hace setenta y seis años, y falleció el día dieciocho de abril de dos mil ocho, a la una y media de la maduragada, en la casa familiar de León. Descansa en Bembibre, donde fue un alcalde querido. Así como el tiempo se para en el silencio, así, el corazón de los relojes ciegos.
Muchas veces me pregunté qué era lo que me había dado esa ciudad, de la que emigré en dos ocasiones, donde tuve que soportarlo todo desde la adolescencia: envidias, con datos y hechos objetivos, contrastados, a poetastros ridículos y zafios o personajes mezquinos, idénticos en todas partes. Sin embargo, a pesar de todo, predominaba la gente seria, trabajadora, sensata. Y su talento. El talento de los que luchan, aman y han aprendido a vivir. Y redimía el paisaje, salvaba, los colores del paisaje, la alegría eterna de la nieve, las praderas inmensas de La Omaña o de Babia, con los potros pastando plácidamente en un tiempo sin tiempo de un rejoj de tuercas sordas, los bosques milenarios de castaños en El Bierzo. Y Foz, Bayona, Portugal. Y La India, Nepal, Tailandia. Veranos felices para siempre. Pero desde hacía bastante tiempo, la preocupación y la angustia por la enfermedad de mi padre era un ir y venir ausente, como si en la vida hubiera diferentes estados de conciencia, y cada uno estuviera situado en un peldaño distinto de esa escalera, escalera de la que conocemos el principio pero no vemos el fin, o parado en uno de sus descansillos, observando a través de un ventanuco, o esperando paciente a alguien que sube y le está llamando. Al igual que el tiempo se para en una imagen, un aroma, un recuerdo, unas manos con fiebre que se aferran a las tuyas, así es el corazón de los relojes ciegos.

jueves, 10 de enero de 2008

Corrección.

El músico maravilloso se llama Nitin Sawhney

miércoles, 9 de enero de 2008

Cartas desde un blog.
Para el historiador Henry Kamen.

Estimado Señor Henry Kamen:
Le envío esta carta para felicitarle por su artículo publicado en la prensa española, días antes de Navidad, donde abordaba el peliagudo asunto de la falta de rigor con la que se ejerce la crítica literaria en España, lo que perjudica a la cultura, en general, y a la educación del país, en particular, salvo honrosas excepciones.
En la tradición anglosajona hay algo que destaca en la polvareda general: el respeto a la individualidad. El respeto a la individualidad sólo puede nacer, como es lógico, de la creencia en el individuo. Mi percepción sobre la mediocridad reinante comenzó hace unos años, cuando empecé a ser consciente de lo que me rodeaba, lo que venía intuyendo desde la más tierna adolescencia, no exagero nada, viendo los ambientes, pues, como escribió Auden, al que conviene volver, la sociedad debería estar alerta contra las utopías planeadas por artistas manqués, sobre veladores de cafetería, a altas horas de la noche. A lo que deberíamos añadir: cafeterías a las que no iría jamás Steiner, -por poner un ejemplo conocido en los círculos, eso dicen, superficialmente, me temo, o esa es mi impresión particular-, ni como espectador curioso. Más tarde mi primer poemario aparecería en algunas bibliotecas de EE.UU, no me pregunte cómo, pues no sé quiénes fueron los ángeles bienhechores encargados.
Un buen día encontré un libro escrito por un inglés dedicado a una galería de personajes excéntricos. El hecho en sí, el de la excentricidad, al margen de su defecto o su virtud, ni siquiera se observaría como objeto de estudio en un país como España, porque nunca se ha concebido eso de la diferencia y el respeto al otro. De hecho, la excentricidad sólo puede nacer en un país donde se respetan las libertades ciudadanas. El caso es que en esa galería de excéntricos donde había de todo: científicos, poetas, aventureros, viajeros audaces, surgió en mí, como intuición aproximada, el quid de la cuestión que usted aborda: ¿qué es lo que ha hecho que en la cultura anglosajona se respete la individualidad, al individuo, como tal...? Sabemos cuáles son las democracias más antiguas. Pensaba, eso sí, que los intelectuales españoles, de existir, reaccionarían. Y de pronto, se hizo el silencio, como en los versos de Rilke, aunque de aquellos silencios poéticos surgiría un principio, la señal, el cambio. Y de estos silencios, no estamos seguros, dado el índice de probabilidades reales y la aparición de nuevos videojuegos, que encandilan más a padres y abuelos, que a los hijos.
Nadie reaccionó cuando debería haberlo hecho, pudiendo, y algunos empezamos a pensar, siendo más arriesgados, que, o bien no lo veían venir, o si lo veían venir, el fenómeno del desastre cultural les importaba poco o nada, como beneficiarios directos del negocio, pues la desgracia educativa suele ser un negocio rentable, a corto plazo, del que sacan pingues beneficios aprovechados, listillos, vagos, parásitos y maleantes, durante el tiempo justo hasta que deja de serlo y se descubre el pastel y la cuenta bancaria. Que no falla. Aunque el derroche lo paguen varias generaciones. De ahí la brutalidad, la estafa.
Si de los parados intelectuales han nacido terroristas del pensamiento y la manipulación de conciencias, no digamos de los que han conseguido el puesto haciendo de chicos de los recados o como esbirros de partidos políticos, dando una imagen ridícula, dogmática y sectaria de la cultura, puesto que la mayoría de esos señores son semianalfabetos, - hemos tenido la experiencia memorable-, y si no lo son, imagen que pretenden vender, ignoramos a qué tipo de persona pueden engatusar, inmoralidad social de tal calibre que supera todos los pronósticos-, lo disimulan bien. Quizás pensaban, equivocadamente, que el desastre les traería fortuna a medio y largo plazo, al igual que en las guerras a los estraperlistas. O lo que es peor, en su inconsciencia, no pensaron. La pérdida es la pérdida. Sin estupidez no hay intelectual, escribió alguien. Confío en que los más lúcidos, hombres y mujeres, empiecen a ser conscientes y tomen partido, cuanto antes.
Mientras los que dicen de sí mismos ser inteligentes vivían obsesionados con la idea de la reconstrucción de sus biografías, idealizadas, por tanto extenuadas, la mayoría se encerró en el despacho académico. Esa realidad, que mató el corazón de un poeta al que adoran y al que hubieran hecho la vida imposible de haber sido compañero suyo de pupitre, sólo podía romperse con la aparición de un nuevo objeto de deseo, ante tamaño aburrimiento de aquellos estómagos agradecidos: una hembra con apariencia liberal, en las formas, y la mentalidad de su bisabuela, en el fondo, en la que no asomase ni un resquicio de saber o de inquietud. Y decidieron que la damita boba titulada, - única diferencia respecto a sus bisabuelas-, se adecuaría a su momento, sus modos y sus tiempos. No a los nuevos tiempos ni la mejora de la educación en España. Había que empezar el siglo veintiuno con buen pie, pero patinaron, quedando obsoletos, cayendo en su propia trampa: el viejo verde o el viejo joven avejentado, con la señorita de Murcia o la extranjera desvalida sin Camus. Aunque llamarse Lola o Lulú no impacta al ciudadano, menos aún si es joven, a estas alturas del colegio y latrocinio, incluidas, a la cabeza del ranking, las naciones sin estado, como dicen los expertos.



Ahora recuerdo un librito precioso de Marcel Proust, sobre el que escribí una columna, entre otras, tomándome las molestias, porque no es un autor ni una lectura generacional,- la mayoría es como funciona-: “Sobre la idea de lectura”. Tal como señalaba el libro, es el prefacio que Proust escribió para su traducción de “Sésamo y Lirios” de John Ruskin. Este texto apareció en 1905. Finalmente, Marcel Proust lo incluiría con el título de “Jornadas de lectura”, en “Pastiches y Mélanges”, en 1919. En “Sésamo y Lirios” Ruskin proponía un ideal heroico, platónico y estoico, señalando el valor de los libros y las bibliotecas públicas.
Marcel Proust resume la postura de Ruskin en palabras de Descartes: “La lectura de todos los buenos libros es como una conversación con los más ilustres de otros siglos que fueron sus autores.” Pero Marcel Proust a lo largo de estas páginas continúa con el propósito de llegar hasta la idea de lectura, criticando el hecho de que Ruskin se quede con el mito platónico y no dándole el papel preponderante en nuestra vida espiritual, que él parece darle. “ La lectura se encuentra en el umbral de la vida espiritual, puede introducirnos en ella, pero no la constituye”.
Es ésta una de las ideas esenciales: entrar en comunicación a través de la lectura para llegar al conocimiento de uno mismo. A un tiempo, señalaba los peligros que conlleva la forma de asimilación de la lectura, desde la bibliofilia mal entendida, hasta la sustitución de la vida, por la carencia o inconsciencia del propio ritmo espiritual. En estos casos, se refiere a los espíritus débiles, la lectura debe servir como ayuda para salir del aletargamiento. Maeterlinck nos prevenía contra los peligros de la erudición, incluso de la bibliofilia. “ Estos peligros, por lo demás, cuando existen, amenazan menos a la inteligencia que a la sensibilidad, siendo la capacidad de lectura provechosa mucho mayor entre los pensadores que entre los escritores de imaginación.” Dudo que ahora fuese necesario avisar de nada, a nadie.
También sería interesante, un imposible categórico, por otro lado, descubrir los méritos reales de quienes se ajustan como un guante a las triquiñuelas y corruptelas del país, y en cualquier lugar civilizado no serían consentidos, a pesar de la corrupción generalizada y la crisis existente en toda Europa. Los méritos propios, entiéndase, no los postizos, inventados o amañados - existe una larga tradición, desde mucho antes de La Picaresca-, adquiridos por deudas o favores. Como es lógico, ningún ladrón permite que nadie que no sea de su condición descubra sus ardides.
Puesto que ya va siendo su hora, algunos deberían hacer, a juicio de muchos ciudadanos, hoy, un serio, profundo y exhaustivo examen de conciencia. Termino, manifestándole mi alegría y agradecimiento. En la página que sigue viene un juego divertido. Un afectuoso saludo.


Aplicar las ecuaciones a los textos escogidos, escuchando al músico y compositor hindú, afincado en Londres, Natin Shauhney:


1. Coeficiente de asimetría.



2. Curtosis.


3. Covarianza.


4. Nº de combinaciones.


donde

5. Integral Gaussiana.