El 18 de enero de 1728 el palacio lisboeta de los Condes de Redondo, a la sazón residencia del embajador extraordinario español ante la corte portuguesa, Don Carlos Ambrosio Spínola de la Cerda y Colonna, Marqués de los Balbases, se convertía en escenario para el estreno de lo que hoy llamamos una ópera- que en la terminología escasamente normalizada de la época se denominó dramma armónica, melodrama o simplemente fiesta- compuesta para celebrar una alianza política entre las dos monarquías de la Península Ibérica, manifestada por medio de un doble himeneo: por un lado, el entonces Príncipe de Asturias, Fernando de Borbón- después Fernando VI de España- casaba con la infanta de Portugal, María Bárbara de Braganza; por otro lado, la infanta española María Ana Victoria contraía nupcias con el príncipe de Brasil, neredero del trono portugués. La ópera se tituló Amor aumenta el valor y fue compuesta por tres ingenios músicos de la corte española- dos italianos, Giacomo Facco y Filippo Falconi, y un español, José de Nebra- sobre libreto del comediógrafo José de Cañizares. Formaba parte de un amplio y costoso programa festivo con el cual la embajada española trataba de impresionar a sus anfitriones, cuya pompa, a su vez, superaba toda expectativa. Los tratos para ajustar la boda entre Fernando y María Bárbara habían comenzado en 1725, cuando el príncipe contaba once años y la infanta trece, y se encomendaron al embajador Marqués de Capiciolatro. Fernando era un niño bien parecido, introvertido, muy afectado por la muerte de su madre y por la antipatía de su madrastra, Isabel de Farnesio, el cual acabaría desarrollando graves problemas mentales, similares a los de su padre, Felipe V. María Bárbara era, al parecer, una muchacha poco favorecida , inteligente y superdotada para la música, bien educada en este arte por su maestro Domenico Scarlatti. El embajador Capiciolatro solicitó un retrato fiel de la infanta para enviarlo a la corte española, sin conseguirlo, pues, según él mismo cuenta en una carta, la niña había quedado muy maltratada después de las viruelas y tanto que afirman haber dicho su padre que sólo sentía hubiese de salir del Reino cosa tan fea. Al fin se consiguió un retrato idealizado, que según el mismo embajador no era nada semejante. Casi tres años después tuvieron lugar los festejos a los que perteneció Amor aumenta el valor, pero la boda real- y el encuen tro de los prometidos- no se verificó hasta un año más tarde, en enero de 1729, en Badajoz. El Príncipe de Asturias no pudo ocultar entonces su malestar al comprobar que su esposa estaba muy gorda y era extremadamente fea. Pero, contra todo pronóstico, este mal comienzo derivó en casi treinta años de feliz coyunda. Desde su llegada a Lisboa en 1727 el Marqués de los Balbases aprovechó que en el palacio que lo alojaba existía un teatrito de madera provisional para ofrecer unas cuantas funciones, serenatas y comedias españolas, en lo cual no ahorró esfuerzos ni dinero. Tuvo protagonismo musical en estos festejos Giacomo- o Jaime, o Chacometto- Facco, violinista de la Real Capilla española y maestro de música del Príncipe de Asturias, protegido de los Spínola desde comienzos del siglo. Las fiestas mayores tuvieron lugar en enero de 1728, alrededor de la fecha de la boda por poderes de los infantes, celebrada los días 10 y 11. El 8 se repuso Las amazonas de España, comedia de José de Cañizares con música de Facco que se había estrenado en Madrid en 1720. El 11 de enero los reyes de Portugal ofrecieron en su palacio un Festeggio armonico nel celebrarsi il real maritaggio de´ molto Alti, e molto Poderosi Serenissimi Signori D. Ferdinando di Portogallo, compuesto por Domenico Scarlatti. Y una semana más tarde, como colofón de estas jornadas, la munificencia del Marqués de los Balbases llevó a la escena Amor aumenta el valor, en una brillante jornada a la que asistió la familia real protuguesa. Parece que los gastos de estos días fueron tales que el embajador español quedó empeñado de por vida. Amor aumenta el valor se concibió como una fiesta teatral de corte según la tradición española: un drama en tres jornadas o actos, precedido de una loa y con la inserción de otras dos piezas menores- el entremés La cuenta del gallego y el sainete La estatua de Prometeo-. Aunque los géneros tradicionales del teatro musiscal español _ comedias armónicas, zarzuelas, fábulas- solían combinar textos hablados ( representados, según terminología de la época) y cantados, se prefirió en esta ocasión una obra cantada de principio a fin, de lo cual existían en España ilustres precedentes desde el siglo XVII, por lo común vinculados a bodas reales y fiestas de contenido político. De Amor aumenta el valor conservamos el libreto que se hizo estampar para el estreno y multitud de datos sobre lo que se gastó. En cuanto a la música, únicamente ha llegado hasta nosotros un volumen manuscrito conservado en la Real Biblioteca, en Madrid, que contiene la partitura de la loa y el primer acto. Farinelli, que años después recibiría una suculenta herencia de María Bárbara de Portugal, poseyó una copia de la música, hoy en paradero desconocido. El libretista José de Cañizares ( 1676-1750) contaba con una dilatada experiencia en el mundo teatral. Ya en 1702, cuando obtuvo el codiciado puesto de Fiscal de Comedias, había adquirido fama como dramaturgo y durante toda la primera mitad del siglo XVIII acaparó estrenos, éxitos y prebendas en los teatros madrileños y en la corte, generando no pocas antipatías entre los colegas ded profesión. No cabía duda de que las obras a representar en tan sonada ocasión debían ser suyas. Por lo que se refiere a la música, para Amor aumenta el valor, clausura de los actos festivos en Lisboa, se escogió de nuevo a Facco, pero en esta ocasión sólo compondría, que sepamos, la loa y el tercer acto o jornada de la función. El segundo acto correspondiño a Filippo Falconi ( segunda mitad del siglo XVII-1738), por entonces maestro de la Real Capilla. Y el primer acto fue encargado a un joven organista y compositor español, natural de Calatayud, en Aragón, de nombre José de Nebra. Desconocemos quién compuso la música, no conservada, del entremés y el sainete. Cabe preguntarse por qué recayó en Nebra, un músico mucho más joven y que ocupaba un cargo menos importante que los otros dos, la responsabilidad de componer uno de los actos de esta obra. La carrera de este músico llevaba sin duda un prometedor camino. Criado en Calatayud y Cuenca y educado en la música eclesiástica por su padre, también organista, en 1719 Nebra aparece ya en Madrid ocupando, quizá desde uno o dos años antes, la plaza de organista del Real Monasterio de las Descalzas.
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