INFORME: LA MUJER EN ESPAÑA.
¿QUÉ SIGNIFICA ESO DE “ FÉMINAS ”, QUIÉN TUVO LA OCURRENCIA Y CUÁNDO SE PUSO DE MODA EN ESPAÑA ? ¿ QUÉ SIGNIFICA : “ LA PRESENCIA DE FÉMINAS EN EL ÁMBITO DE LA POESÍA Y EL ENSAYO ” ?
Dedico este artículo, a Manuel Rivas, con el que me reí escuchando, “sin estar de caspa caída”, a una tal “Carmiña, la fulana”.
Reconozco que la intención de la serie de estos reportajes sobre la situación profesional de la mujer en España es buena e intenta transmitirnos algo. En este artículo que empiezo y no sé cómo acabaré, no voy a explayarme en demasía en otros aspectos delatores, pues tenemos las carnes prietas, el corazón sano, y nos están esperando. Así que voy a centrarme, exclusivamente, en el uso de la palabra fémina, por llamarla de algún modo, y ámbito, porque ya no sabemos si clama al cielo, al infierno, o no tiene solución, el problema, -que ha pasado del color grisáceo, por no hablar de las erratas, que padecemos todos, al negro como un tizón-, del uso de la lengua castellana con cierta dignidad. Desde aquí llamo la atención, para que, por favor, si son tan amables y tienen la bondad, nos lo expliquen, porque algunos queremos mejorar y no nos dejan. Contra más lo intentas, más te embrollas. Creíamos que habíamos visto bastante con la utilización de contra más, si habrías ido te habrías enterado, y tema, cuando no se sabe de lo que se está hablando, habíamos pasado la gripe y depresión profunda con el uso de expresiones aberrantes como pienso de que es superfuerte, es como rosa, a nivel de pareja, a nivel de cualificación, a nivel de aquí, allá y acullá y al nivel del agua, nivelándonos de tal modo que echaron el nivel para reconocer si existía o no horizontalidad, cuando un día, estando relajados y a punto de hacer las maletas, nos encontramos con el uso de la palabra fémina, que no sabemos quién empezó a poner en circulación, y ámbito, por motivos diferentes. Paso a detallar, a continuación, desde el asombro, y sin tomar un lexatin para los nervios, las razones de la enfermedad ojiplática, sin entrar, repito, en lo que la mayoría de los intelectuales llaman pedanterías lingüísticas, primero con la palabra fémina, para llegar con ganas a saborear el segundo plato del ámbito en sus ricas salsas, que nos deja con malaje hasta los postres. Y esperen, vayan preparándose, damas y caballeros, porque los postres se están preparando por especialistas en confetis. Con tanto trasiego de bandejas con palabras-ruina, ya no sabemos si estamos gordos o flacos, llenos o vacíos, morenos o blancos, altos o enanos. Y como no hay paisaje ni postal ni foto ni libro ni nada donde comparar ni con lo que comparar el fenómeno estilístico, acudimos a mil diccionarios, que ya decía uno, con los ojos, siendo ciego, lo que muchos no entienden con las manos. Y decía y escribió cien mil veces que la lengua era la base de toda basamenta escritoril, además del gusto y del gustirrinín. Los de provincias, que somos cautos y leemos los periódicos con revista incorporada, solemos coger al tomo por los lomos. Buscando y rebuscando no encontramos fémina en el diccionario, en ningún diccionario, pero sí encontramos lo que paso a escribir, para analizar el asunto peliagudo de la lengua castellana con los ojos bien abiertos y despiertos. Atentos. Aviso a navegantes: quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.
Hasta hace poco tiempo. Ahora sucede, con demasiada frecuencia, el fenómeno, sin paliativos, siguiente: quien a un árbol se arrima, sin calificativos populares, mejor que eche a correr echando niebla, no vaya a ser que se le venga encima la niebla y le caiga el árbol en la cabeza, si la lleva puesta...
Antes de continuar, nota: si la Real Academia Española, con todos mis respetos, ha incorporado fémina, por exceso de blandenguería, entre otras palabras o palabros, como me pasó con el uso del adjetivo calificativo álgido, con el que me despisté durante una temporada, y no nos hemos enterado en la biblioteca de casa, tengan la condescendencia y el sentido del humor suficiente para hacérnoslo saber, y corregir el error a la mayor brevedad posible. Favor que esperamos merecer y recibir con humildad y la cabeza y orejas gachas, y les agradeceríamos profundamente. Al menos, la que escribe. Vayamos al grano. Encontramos en el diccionario: fembra, (del latín femĭna) f. ant. hembra. Esta es la única palabra que se acerca algo a la actual fémina, en cuyo caso no debería llevar tilde, y lo más adecuado, siguiendo el latín, es que se dijera fembra, y de este modo volveríamos a recuperar la desaparecida f inicial, con faciendo, facendera, facer, fizo o desfizo. Sin embargo, sí encontramos másculo, (del latín mascŭlus) adj. ant. masculino. Siguiendo con lealtad al diccionario de la Real Academia, deberíamos decir: las fembras y los másculos, con tilde, pues sin ella y con errata o por despiste, alguien con mal oído o problemas de visión podría entender, más culos o con más culo. Por la misma razón que hoy, la mayoría, por mimetismo, escribe y dice fémina, que no existe, debería decir y escribir másculo, refiriéndose a los hombres. En definitiva, un mal chiste sin sentido, que suena, además, despectivo, referido a las mujeres, especialmente en la pluma y boca de algunos hombres y mujeres, el colmo de todos los colmos. Pero he ahí, amigos míos, que después del invento, a la última moda, nos encontramos con ámbito, utilizándose el vocablo, como en el caso de tema, como comodín, cuando se ignora el asunto del que se trata o se pretende tratar. Todo ello, a la orden del día, en la prensa, radio y televisión, la literatura y no sigo, sin que nadie haga nada ni diga nada ni tome medidas al respecto. Aunque el patetismo va más allá. No tiene fin. Y el humor negro. En la Corte de los Milagros faltan párrafos por escribir, contar y padecer. Definición de ámbito: ( del lat. ambĭtus, de ambĭre, rodear.) m. Contorno o perímetro de un espacio o lugar. Espacio comprendido dentro de límites determinados. Para referirse al porcentaje de mujeres que escriben poesía, un 15%, según las supuestas estadísticas, la periodista utiliza la palabra ámbito, que en el texto y el contexto, no pega ni con cola. La poesía no es un género literario aunque participe de todos los géneros, y el ensayo, sí es un género literario. Utilizar la palabra ámbito refiriéndose a las mujeres que escriben poesía en España, en ese reportaje publicado hace unas semanas por no recuerdo qué revista, es erróneo, ambiguo y ridículo. Así, el titular nos quedaría, siendo sensatos: EL PORCENTAJE DE FEMBRAS QUE SE ENCUENTRAN EN EL PERÍMETRO O ESPACIO COMPRENDIDO DENTRO DE LÍMITES DETERMINADOS DE LA POESÍA Y EL ENSAYO, REPRESENTA UN 15% EN ESPAÑA. Un titular glorioso que cambiaría por completo el estilo periodístico actual. Participen, queridos amigos, anímense, que hay premio en este juego: el premio de la risa y el de la sonrisa. Todo esto, en lo que respecta al continente. Pasando al contenido, la moraleja es sencilla: cada cual que apechugue con lo que toca, que se esfuerce, trabaje y lea mucho. Y si es inteligente, culta, educada o lo intenta, y agradece la generosidad de los que se toman las molestias, mejor que mejor. Muchos besos. Ángeles Basanta.
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