Periodista y poeta española, licenciada en Ciencias Sociales y de la Información, he hecho los cursos de doctorado y el trabajo de investigación en Filología Hispánica, y dos máster técnicos superiores. He ganado varios premios literarios y he acabado otro libro de poesía. Libros: POEMAS DE LA INEXPERIENCIA, Ediciones Libertarias, 1994, TAN SOLO UN GESTO, prologado por Antonio Colinas, 2002. Instituto Cervantes de Chicago y Nueva York. Universidad de Bucknell. EE.UU. Antología en CÁTEDRA.
sábado, 11 de agosto de 2007
AL PIE DE LA LETRA. TERCERA ENTREGA.
El espíritu público no puede venir más que de un sentimiento social o sentido del consorcio con el género humano. Ahora bien, no hay nadie tan alejado de ser socio en este sentido o partícipe de la afección común, como esos que apenas si reconocen ( tener) un igual y que no se se tienen a sí mismos como sujetos de ley alguna de asociación o de comunidad. Siendo así que la moralidad y el buen gobierno van juntos. No hay verdadero amor a la virtud, sin el conocimiento del bien público; y donde hay poder absoluto, no hay ( bien) público. Quienes viven bajo la tiranía y aprendieron a admirar ese poder como sagrado y divino, están pervertidos tanto en su religión como en su moral ( o política). El bien público, según la estimación de los mismos, es medida o norma de gobierno en el Universo tan poco como lo es en el Estado. Tienen muy poca noción de lo que es bueno o justo; no otra sino la que determinan la mera voluntad y el mero poder. Creen que la omnipotencia dejaría de serlo si no tuviera libertad para eximir de las leyes de la equidad y para cambiar a su gusto la pauta de la rectitud moral. Mas, no obstante los prejuicios y corrupciones de este género, es obvio que algo queda aún de un principio público, incluso donde más pervertido y hundido esté. La peor de las magistraturas, la de calaña meramente despótica, puede presentar suficientes ejemplos de celo y afección por el mismo. Donde no se conoce otra forma de gobierno, pocas veces deja de recibir ( la tiranía ) esa fidelidad y obediencia que se presta y es debida a una mejor forma de gobierno. Los países orientales y muchas naciones bárbaras fueron, y son aún, ejemplo de esto.
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